JUEGO DE ESPIAS
No existe ningún director actual sobre el que recaigan tantos juicios de valor acerca de la irregularidad de su carrera como Ridley Scott. Y aunque este argumento se está convirtiendo en un recurso demasiado facilón, desde luego no carece de razón. El director inglés deslumbró en los inicios de su filmografía con títulos tan influyentes y determinantes para la historia del cine como “Blade Runner” o “Alien, el octavo pasajero”. Quizás por eso, llame más la atención la alarmante insuficiencia de cintas como “Los Impostores”, “Tormenta Blanca” o “Un buen año”.
Solo admitiendo que Scott nunca llegará a ser aquel gran director que podría haber sido ni tampoco el peor autor que puede ofrecernos Hollywood, podrá valorarse en su justa medida su último cine, y más en concreto su más reciente película, “Red de Mentiras”.Con el cada vez más recurrente (cinematográficamente hablando) conflicto entre EEUU y Oriente Medio, “Red de mentiras” sitúa al agente Ferris (Leonardo Di Caprio) en la boca del lobo y al veterano Ed Hoffman (Russell Crowe) como el que mueve los hilos a distancia en la lucha contra la amenaza terrorista árabe. Y en el constante juego de estrategias, lealtades y traiciones se desarrolla este thriller político con gusto por la acción bien rodada y por el escaparate de herramientas de espionaje a cada cual más sofisticada.
“Red de Mentiras” como “American Gangster”, “Black Hawk Derribado” o incluso la secuela de “El Silencio de los Corderos”, “Hannibal” es cine solvente, bien ejecutado, con una constante apariencia de cine de calidad pero sin la profundidad y carácter necesarios para serlo. Scott ofrece aquí una obra vibrante por momentos, reiterativa en otros, aunque casi siempre entretenida, muy en la línea del cine que realiza su propio hermano, Tony (“Spy Game”). La confianza en las interpretaciones de sus actores vuelve a ser un pilar básico en el que Scott se apoya. Un Russel Crowe entrado en kilos (en su cuarta colaboración con el director) y un Leonardo Di Caprio en una línea continuista con respecto a “Diamante de Sangre” o el gran descubrimiento de la película, el actor Mark Strong, garantizan una dosis extra de interés.
No demuestra tanta solvencia su guionista, William Monahan (“Infiltrados”) al que se le agradece que intente no enmarañar el argumento de un género en que, como mandan los cánones, se manejan muchos nombres y complicadas tácticas, pero al que se le puede achacar la introducción de una subtrama romántica totalmente innecesaria, algunos personajes demasiado estereotipados y la resolución por la vía fácil de determinadas situaciones (sin ir más lejos, el propio final de la cinta).
Con “Red de Mentiras”, Ridley Scott opta por la vía sencilla de cine de entretenimiento de pretensiones medias, posiblemente el único modo de librarse a corto plazo de las odiosas comparaciones que marcan su desigual filmografía.











































Como buena película francesa “Hace mucho que te quiero” destaca por tomarse su tiempo en la narración de la historia, por la austeridad formal y por el apoyo continuo en los actores de su reparto. Un drama con un ligero suspense que además analiza los prejuicios y trabas de la sociedad (laborales, afectivos, etc) de aquel que ha salido de prisión. Una película serena y sobria, muy recomendable para amantes del cine de autor.


Suma de posters. Si me apuran hasta tiene su propia rima.


En definitiva, un desangelado producto, tan frío como el recorrido que realiza el famoso ferrocarril transiberiano.







De entre todos los especimenes humanos, los Coen prefieren a los tontos. Llamemosle tontos, ineptos, bobos o memos. El caso es que los Coen son capaces de demostrar que situando a unos personajes de tal condición en una película de aspecto y tratamiento serio, esta se puede convertir en la comedia más delirante, disparatada y divertida.


La pregunta, ¿Qué hemos aprendido de todo esto? formulada por J.K. Simmons justo al final de la película dejará al espectador con la risa incesante hasta minutos después de encenderse las luces de la sala de proyección. De la respuesta a está pregunta no hay duda; hemos aprendido que la inteligencia de los Coen es inversamente proporcional a la de los personajes de “Quemar después de leer”.





Con “Reflejos" (Mirrors), el remake de Aja de la coreana “Into the mirror”, no acabará la megaexplotación de este “J-Horror” y sus rutinarias copias, a pesar de que estas han comenzando a sufrir el rechazo popular. El próximo estreno de “The Uninvited” nueva versión de “Dos Hermanas” (“A tale of two sisters”) de Kim Jee-woon, seguirá completando la amplia nómina de películas que ya nos sabemos de memoria. No creemos que pueda ser la última.


“Reflejos” no supone, por tanto, un escalón más en la carrera de este director, sino una solvente pausa en la que el francés sigue mostrando sus credenciales. Aja ya ha demostrado que sabe provocar horror aún poniéndose al frente de historias manidas. Ahora le toca ir más allá y confirmarse definitivamente como el líder de una generación de nuevos directores europeos de terror (Bustillo, Gens, Laugier, etc) que tienen talento, muestran descaro y conocen muy bien donde está la esencia natural del género.




