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Ante este escenario, los desafios del RD/CAFTA ameritan ofrecer caminos que el actual reordenamiento comercial impone en el mundo.
“Un Macho de Mujer” llevó más público al cine que “La Fiesta del Chivo”. No abundaré sobre los factores del fenómeno. El tema aquí es el hecho de que las salas de cine dejan al fisco sobre los 80 millones de pesos anuales. Dinero que llega mediante impuestos internos, y que puede representar entre la tercera y cuarta partes de taquilla. (Las salas de cine en el pais aceptan y programan películas de cineastas dominicanos porque éstas llevan más gente al cine, lo que representa un mejor negocio para esas empresas).
Sin embargo, los empresarios no se han impuesto un ejercicio de ciudadanía corporativa ante el negocio del cine nacional. Más bien hacen marketing (por curiosidad y apoyo a relacionados) de sus productos en muchos casos, y en otros es un dinero que se invierte para ver qué pasa. Probablemente, muchos no saben que el cine es la actividad más riesgosa para invertir; de ahí que si alguien quiere hacer dinero con el cine, es mejor que vaya a lo seguro en otras actividades tradicionalmente más rentables.
La diferencia es que cuando una película es aceptada por el público, se convierte en una mina de oro o en una maquinita de hacer dinero (como el caso de Perico Ripiao, Andréa, Nueva Yol I, Un Macho de Mujer y los documentales de René Fortunato), donde una pequeña y tímida inversión inicial pudo multiplicarse. Invertir en películas que no superen los diez millones de pesos es una excelente variante que puede a su vez convertirse en un excelente factor para realizar buen cine y obtener buen lucro.
Para rentabilizar este negocio creo que el Estado debería asumir una política de patrocínio urgente mediante préstamos bancarios, que a su vez puedan multiplicarse en imagen, en marketing, ya que ganaría tres veces: mediante impuestos, y el lucro que representa porcentaje de taquilla y préstamo. El Estado gasta en publicidad, relaciones públicas y comunicación sobre los 600 millones de pesos al año. Si destina un 15 por ciento en inversión publicitaria de ese dineral, puede multiplicar sus ganancias. Y para eso no es necesario una legislación al respecto.
Lo que propongo es que la empresa privada y el Estado asuman la inversión en cine nacional como una actividad principal en la vida comercial del pais. Pero al mismo tiempo se debe trabajar una sociedad sector privado-gobierno como factor de desarrollo cultural que tendría todas las de ganar, pues según mis cuentas, el cine mueve en el pais sobre los 300 millones de pesos, tal como está el negocio.
Nuestras condiciones económicas son aptas para articular la gestión cultural, las políticas públicas de inversión, la iniciativa privada y la sociedad (el público está respondiendo a las producciones nacionales sin mirar su calidad cinematográfica). Es bueno destacar que hasta el momento no se ha producido la participación de entidades no-gubernamentales, llamadas el Tercer Sector.
Las empresas que invirtieron (con sus productos), por ejemplo, en Un Macho de Mujer, amplificaron sus marcas con un marketing que a la larga envolvió cerca de medio millón de personas. Fue ventajoso pues hay que resaltar que la inversión para pantalla gigante en salas de cine es eficiente como herramienta de comunicación y marketing y una fuente de imagen limpia, principalmente para productos y servicios que buscan un medio de gran riqueza visual para la construcción y/o consolidación y/o renovación de marca. Realizar spot para exhibición antes de la película puede no ser tan efectivo como si estuviera dentro del filme, pues siendo éste parte de una historia seduce positivamente a la platea.
(Y aún está el beneficio que se obtiene de la piratería, pues ésta reproduce el anuncio y se convierte en promotora gratis, pues no es ventajoso quitar anuncios tipo merchandising, hay que invertir en edición y luego montar en DVD. En resumidas cuentas, la piratería reproduce con ventaja a la publicidad dentro de un filme.)
Nada es más ventajoso que una marca aparezca en una escena, o que un producto o servicio forme parte de la historia o sea usado por un personaje. Nada se iguala a esa imagen limpia, gigante, cautivadora de una pantalla de cine, en aquella sala oscura iluminada en uno solo de sus lados y a la vista “forzada” de la platea.
Así como hay mediciones en TV y radio, también se debe evaluar el impacto de este merchandising. No sé si las empresas que han incursionado en el cine de factura nacional lo han hecho, y si no es así pues ya es hora de hacerlo. Tampoco estoy muy al tanto de si las agencias publicitarias lo contemplan, o si las mismas empresas tienen alguna política de inversión al respecto. Sí conozco las acciones en países como Brasil, México y Argentina, donde los resultados son halagadores. Y aquí es obvio que ciertos merchandising aplicados en la historia de películas nacionales son positivos.
En un concierto de gestión cultural y económica, es deseable que se establezca un modo de producción de bienes y servicios culturales que sean ventajosos para cineastas, empresas privadas, Estado y público. Por su parte, cineastas, artistas y público ya demostraron que sí se puede, falta que inversionistas privados y el Estado metan sus manos, para crear al menos un nicho comercial cinematográfico de pequeña escala, pero que supere el actual estado de cosas. Todo ha ido bien, pero ahora es necesario técnica.
En cierta manera, el actual gobierno está poniendo su granito de arena al crear la Dirección Nacional de Cine (Dinac), que articula diversas acciones del Estado a favor de producciones cinematográficas vengan de donde vengan. Falta, sí, viabilizar y/o incentivar mecanismos de inversión y velar con mayor ahínco por el interés público para la creación de ese nicho cinematográfico, lo que no dudamos que se dé en el futuro inmediato (ejemplo de lo cual es la reciente convocatoria al Concurso Nacional de Guión sindicado por la Secretaría de Cultura y administrado por la Dinac).
Ante este escenario, los desafios del RD/CAFTA ameritan ofrecer caminos que el actual reordenamiento comercial impone en el mundo. Que por cierto el aspecto cultura continúa fuera de la discusión, como si no existiera.
El cine nacional, dentro de los parámetros de inversión que aquí sugerimos, puede ser un factor importante en la ecuación de una industria creativa autóctona que valorice productos y servicios nacionales de consumo masivo y una pauta para productores y exportadores de contenidos culturales, así como la valorización de la ciudadanía cultural de las empresas, así como el fomento y estímulo de contenidos culturales nacionales, ideales para un proyecto de desarrollo pleno.
Otro aspecto importante es el diferencial cultural nacional, pues al retratar eventos locales se está potenciando ese difetencial, y nada como dice aquella frase: “Cuenta la historia de tu aldea y estarás contando una parte del universo”.
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