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escrito por Etzel Báez   
Monday, 02 de October de 2006

Cine DominicanoTitulo original: ¿A quién le importa y a quién le interesa el cine nacional?

No cuestionemos los medios ni el producto, ni siquiera intentemos entender el fenómeno para encontrar posibles formulas de éxito ya que tampoco a Hollywood le ha sido posible establecer las coordenadas de éxito de taquilla y calidad al mismo tiempo.

Películas dominicanas como Perico Ripiao y Andrea, fueron responsables en su momento de cerca del 50% del público anual total en las salas de los cines nacionales (aunque una gran parte de ese público no tiene hábito de “ir al cine”).

No cuestionemos los medios ni el producto, ni siquiera intentemos entender el fenómeno para encontrar posibles formulas de éxito ya que tampoco a Hollywood le ha sido posible establecer las coordenadas de éxito de taquilla y calidad al mismo tiempo.

Vamos a abordar algo mucho más simple: ¿A quién le importa ese cine nacional que no está encontrando público? ¿Por qué no se establece un canal de comunicación entre público y cineastas? 

Creo que el  principal escollo es el de distribución y exhibición. El cine exhibido en formidables salas de cómodas butacas y aire refrigerado responde a un esquema propio de un estado de elitización del acceso al cine que impide su disfrute por parte de grandes segmentos de la población, principalmente pobre. 

Todo y cada uno de esos filmes que nunca alcanzaron a la tercera o cuarta semana de exhibición o que vieron disminuir paulatinamente esa cantidad de público espectacular en películas de rotundo éxito, pudo tener y aún podría disponer de un mejor resultado en cuestión de gusto en las clases económicamente bajas y con gustos menos extravagantes o pulidos. 

Películas como Viajeros, La Maldición del Padre Cardona,  Los Locos También Piensan, Lilís,  La Victoria… entre otras menos afortunadas, disponen de los elementos válidos y clásicos que hacen de una obra audiovisual ser aceptada por grandes masas de la población.

Solo hay que mirar que pese a gustos exigentes que no gustan de telenovelas, es precisamente el producto que mantiene los canales de TV debido a los grandes ratings. Y cualquiera de esas películas producidas por dominicanos dispone de los elementos para triunfar tal cual lo hacen esas telenovelas. 

Un  principio básico 

El gobierno se propone crear una industria cinematográfica. Y se supone que esa industria debe y tiene que ser auto sostenible. Hasta ahí todo va bien con el proyecto, sin embargo se está ignorando un principio básico que rige cualquier mercado: la ley de la oferta y la demanda.

De manera que cabe preguntar ¿cual es la estrategia para estimular que la población busque esas películas y que estas estén disponibles? Y no es que se puedan comprar o alquilar, es que puedan llegar al gran público con el patrocinio del Estado. 

Alternativas 

Es misión imposible querer torcer el gusto popular y la imposición de un producto cultural, cuando hay ausencia de un proyecto estructural de formación de público para un cine nacional. 

Yendo al fondo. República Dominicana empobrece año tras año, sus recursos no-renovables y renovables son usados para producir riquezas que solo benefician a un puñado de indigentes morales, y ni hablar de los bienes culturales a cuyo acceso solo es posible por obra y gracia del espíritu santo. Y es en un país bizarro que los cineastas queremos realizarnos y aportar haciendo a un lado nuestro maldito ego. 

Iniciativas aisladas es lo que compone una incipiente y quijotesca “industria del cine” que más bien parece salida de la imaginación de Julio Verne. Pero hay una alternativa, existe esa salida. 

El camino 

Pues sí, el camino es exigir el financiamiento de películas nacionales mediante leyes de incentivo, y que los derechos de exhibición y los impuestos a filmes extranjeros sean total e incondicionalmente dirigidos a crear condiciones para que el pueblo tenga acceso a las obras de sus hijos. 

De lo contrario el cine nacional va hacia el mismo triste destino histórico de todo lo que es productivo en este país: el suicidio intelectual. Y si tomáramos en cuenta cada detalle de la historia de este país veríamos que somos más la esencia de una crónica policial donde la historia cultural es asfixiada por el gobierno de turno (sin contar con el desinterés en Educación, Salud y Vivienda).

Fuente: Clave Digital


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