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Los cineastas, como artistas, vivimos al margen del proceso productivo, simplemente porque no existe democracia del mercado de trabajo; cuando eso exista entonces sí podemos pensar en industria de cine dominicano.
Los críticos les dan duro a las películas nacionales y los productores se la devuelven acusándolos de cuantos adjetivos existan. En eso somos autosuficientes.
Sin embargo, creo que nos faltan críticos y productores que luchen más por la formación de un público. ¿O acaso alguien puede pensar que de la manera que vamos estamos en el camino del “cine dominicano” que intentamos hacer?
Hace falta más que nada crear una conciencia de democratización de la producción cinematográfica nacional.
El otro día se me acercó un nuevo “inversionista” amargado con la pérdida de un millón de pesos que puso en la producción de un filme. Esa persona puede hacerlo porque tiene todos los millones de chanflán: anda con un lujo en cuatro ruedas que manda madre, juega comprando equipos y software digitales; pero no tiene la menor preocupación de si ese dinero que invirtió serviría para crear un filme que le guste al pueblo. Ese señorcito cayó en las redes del grupo que en este país está afectando el nacimiento de pequeñas empresas cinematográficas.
Una de las cosas que nos falta es lo que más nos sobra: sacar de circulación a los y las delincuentes y drogadictos y drogadictas que cuentan mentiras editadas, que se presentan con tremenda muela para extorsionar a la sociedad dominicana. Nos falta sacar lo que nos sobra: la corrupción que también inunda desvergonzadamente a este naciente sector, amparados por sectores del Gobierno que hacen su “agosto” durante todo el año y en todos los gobiernos.
Los que caen en las muelas de esos dichos “profesionales” no saben que el cine es industria, es empleo y una variedad de negocios paralelos. No saben que genera riquezas y recursos para nuevas inversiones. Pero, bueno, ¿a quién le importa si con la producción de películas y eventos pueden también lavar activos?
Falta una política de producción y de exhibición. Ya es hora de que el cine que queremos hacer se convierta en una fuente inagotable de empleo. Falta que institucionalicemos el estudio del cine como arte, ciencia, industria, de manera seria, correcta, precisa y necesaria, pero sobre todo con honestidad y personas idóneas.
Falta que nuestros profesionales sean propietarios de buenos equipos. Falta que las autoridades entiendan que nos falta atención y crédito de entidades financieras y que no nos vean como “artistas” solamente, sino como dominicanas y dominicanos con intención de crear una industria.
Los cineastas, como artistas, vivimos al margen del proceso productivo, simplemente porque no existe democracia del mercado de trabajo; cuando eso exista entonces sí podemos pensar en industria de cine dominicano.
Fuente: Clave Digital Cita este artículo en tu web | Visitas: 1030 | Imprimir | E-Mail
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