En los años ochenta, los guionistas de cine y televisión iniciaron una huelga por mejores salarios (como ya estaba ocurriendo en otras profesiones en USA). Los dueños del negocio no atendieron las demandas y ese hecho acabó con lo mejor del cine. Si bien, los resultados negativos no se vieron inmediatamente porque los ejecutivos suponían que cualquiera podía escribir buenas historias, finalmente aún hoy se sienten los efectos de una mala política con el principal eslabón de la industria del cine: el guión.
De un día para otro, la respuesta a los huelguistas fue la contratación de quienes no eran sindicalizados, y se iniciaron los remakes y se sacaron guiones archivados que no habian sido considerados porque precisamente eran muy malos, pero ante las circunstancias esa era la salida burlona. Es así como se renuevan Misión Imposible, Batman, El Arca Perdida, Viaje a las Estrellas, El Fugitivo, entre otras películas y series de TV, que fueron bien aceptadas por el público pero como “segundas partes nunca son buenas…”.
Pues bien, la solidaridad con las demandas de los guionistas llevó a que muchos otros trabajadores del cine se dedicaran a proyectos independientes, y los dueños del negocio comenzaron a buscar directores y actores para sus proyectos desempolvados (y que no se habían filmado precisamente porque no eran los suficientemente buenos para realizarlos). Así es como la calidad cae por el suelo.
La huelga se resolvió por medios legales y actualmente un simple guión de cualquier desconocido puede costar alrededor de ochenta mil dólares, y en ocasiones hasta dos millones.
Sin embargo, la lección de todo esto es que por no atender las demandas de un buen pago a un guionista la calidad de una película norteamericana de hoy está muy por debajo de la de antes de ese acontecimiento.
En nuestro país, el guionista Reynaldo Disla dejó de escribir para el cine porque no le pagaron por un guión suyo el dinero que él entiende que merecía debido a un acuerdo porcentual con los realizadores de un filme que atrajo cientos de miles a las salas de cines. El mercado dominicano suele considerar un pago no mayor de doscientos mil pesos por un guión. Y así nunca vamos a tener buenos guionistas o buenos guiones, y por consiguiente nunca despegaremos como industria cinematográfica.
La meca del cine falló, y ese es el espejo. Y otra gran verdad es que aquí no se pueden formar guionistas con profesores extranjeros, se deben preparar profesores y orientadores para ayudar a personas que tienen el talento para hacer buenos guiones. Ni siquiera los grandes del negocio cinematográfico han podido encontrar buenos guionistas simplemente porque se hayan formado en una escuela. Técnicamente es posible enseñar a alguien los intríngulis del guión, pero su dominio se consigue con horas y horas de trabajo frente a una página en blanco.
Fuente: Clave Digital
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