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Las acciones culturales de la Secretaría de Estado de Cultura están desfasadas con respecto a perspectivas de público, empleo y proyección cultural
Etzel Báez
Tenemos una Dirección Nacional de Cine. Muy bien. Pero, ¿cuál debe ser su política? 30 años en el área me facultan para opinar. Desde que actué en SORCERER (1976), dirigida por William B. Friedkin, y luego en EL CRIMEN DEL PENALISTA (1979), dirigida por Clemente de la Cerda, vengo con un plan que descansa en los siguientes factores fundamentales: a) crear una entidad organizada, representativa y respetada; b) disponer de voluntad política del gobierno; c) aliarnos a personas competentes que puedan realizar un trabajo de gestión eficiente; d) y sobre todo, que dispongamos de buen cine hecho por nosotros.
A) ENTIDADES
Con acuerdos colectivos, dejando de lado el “cada uno por su cuenta”, podemos autodirigirnos, por ejemplo, para ayudar a quienes hacen o quieren hacer cine. Su objetivo debe ser pensar en un cine con una estética nacional y no simplemente hacer películas.
B) VOLUNTAD POLÍTICA
La política cultural de un gobierno es el conjunto de acciones culturales que realiza, o el significado cultural de ese conjunto de acciones, no una posible formulación teórica. Un gobierno que no hace absolutamente nada en términos culturales tiene una política cultural – incoherente, pero la tiene. Crear una Dirección Nacional de Cine y facilitar que productores extranjeros realicen sus películas aquí es una acción política. Aunque esté llena de incoherencias y contradicciones.
Las acciones culturales de la Secretaría de Estado de Cultura están desfasadas con respecto a perspectivas de público, empleo y proyección cultural. Por ejemplo, Mataron Al Chivo Punto Com realizó más de cien presentaciones en los pueblos, fue vista por más personas, generó más empleo en un tiempo más largo, al costo de un millón de pesos; sin embargo, el espectáculo inaugural de la reciente Feria del Libro costó más millones y tuvo menos público. No entiendo cómo se da ese desajuste tomando en cuenta que viabilizar la realización de una obra original, que mueve más la economía cultural con una inversión sustancialmente menor y que da como resultado mayor cantidad de público.
Sólo puede haber una respuesta: la política cultural del gobierno no mira a obras originales, ni empleos en el área cultural, ni le importa el público directo; su interés se concentra en una única cosa, en que es mejor realizar espectáculos como el mencionado de la Feria del Libro, donde “botaron la casa por la ventana”, y prefieren que mucha gente se entere por la prensa aunque no disfruten de lo que tienen derecho y el Estado obligación.
En un año, y en el área cinematográfica, la Dirección Nacional de Cine se ha dedicado a realizar reuniones, agasajos a productores extranjeros, viajar muchísimo o hacer larguísimas llamadas internacionales, pendenciar en las producciones foráneas (llevando boches por meter las narices donde no debe), y sólo ahora parieron un proyecto de ley de mecenazco audiovisual (muy parecido a los que usted encuentra en internet). ¡Ah! No hay que olvidar que como el oficio de sus autoridades es crítica de cine, pues se han dado banquete con Angel Muñíz, Agliberto Meléndez, René Fortunato, Radel Villalona (que descanse en paz) y con la Escuela de Cine de la UASD, entre otros no menos afortunados.
Sería perversa mi crítica, si me quedo en el ámbito de las autoridades, por eso va mi crítica con toda la industria cultural, con los patrocinadores, con el sector privado. Sin embargo, en todo caso, es indudable que estamos ante una política cultural.
C) GENTE COMPETENTE
Tenemos buenas leyes, lo que no funciona son las personas que deben cumplirlas y hacerlas cumplir. En el caso de la DNC no hay gestores públicos con capacidad para llevar la idea del presidente Leonel Fernández “Pa´Lante”. Supongamos que Leonel Fernández no tuviera ni idea de lo que hay que hacer en cine, todavía quedaría esperanza si dispusiéramos de un competente Secretario de Cultura y un eficiente y creativo Director de la DNC, pues eso vale más que la voluntad política de un presidente.
Un buen gestor de cine es el que crea y viabiliza proyectos que las entidades no son capaces de crear – por corporativismo, falta de visión, o del trabajo desinteresado de la ciudadanía. Es aquella persona que se tira al medio de la calle a sudar, a juntarse con los muchachos que quieren hacer cine o lo hacen “a mano pelá”, se reúne con profesores y estudiantes de la cine de la UASD, se acerca a todo el que tiene o ha tenido que ver con festivales de cine, con actores, con técnicos, con guionistas, dejando de lado intereses personales.
D) BUEN CINE
Festivales creativos de cine, concursos de guiones, facilitación de herramientas a potenciales cineastas, entre otras acciones, pueden generar una política cultural, mecanismos de apoyo a la producción de cortometrajes en S-16 o HD, inversión en la Escuela de Cine de la UASD, y por ahí iríamos muy bien. Pero todo eso debe motivar, facilitar, emprender una estética cinematográfica y consecuentemente películas de alto nivel artístico Muchos proyectos están siendo viabilizados, y eso es loable porque son proyectos nuestros, pero entiendo que debemos diversificarnos más, realizar eventos nacionales de cortometrajes y mostrarlos al gran público. La gente no ama lo que no conoce. NOTA: Este artículo va en homenaje póstumo a Radel Villalona. Mis condolencias a sus madre, Delta, y a su padre, Rafael, quienes han sabido aportar verdaderas obras de arte que alimentaron el alma del pueblo dominicano en estos últimos 40 años. Al paso de los días uno siente cómo crece el dolor por la ausencia de artistas como Radel.
Fuente: http://clavedigital.com.do Cita este artículo en tu web | Visitas: 1343 | Imprimir | E-Mail
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