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| Cine y el TLC RD/USA |
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| escrito por Etzel Báez | ||||
| Wednesday, 25 de January de 2006 | ||||
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El NAFTA perjudicó la industria del cine de México que pasó de 122 películas en el 1988 a 7 en 1998. Etzel Báez El Tratado de Libre Comercio de las Américas –TLC– tiene una cláusula donde las industrias culturales –como el cine– se negocian como parte de la industria de servicios, y no como actividades relacionadas con la producción de cultura o de información, vitales para el funcionamiento democrático de una nación.En ese sentido, cualquier acto de subsidios o estrategia de protección o estímulo a la industria cinematográfica nacional será ilegal. Para tener una idea de lo que esto significa, el NAFTA perjudicó la industria del cine de México que pasó de 122 peliculas en el Por su parte, En cuanto a los acuerdos, Dentro de cada uno de ellos hay unos órganos de gestión en los que las decisiones se toman tradicionalmente por consenso. Lo que significa que las normas se están elaborando muchísimo tiempo hasta que se llegue a un punto y, a partir de él, se intenta rebajar las posiciones iniciales de cada país; ahí sí se puede decir que los acuerdos se toman por consenso. Hay otras características: las políticas y las normas de los distintos países son sometidas a vigilancia por parte de los demás, que pueden utilizar un mecanismo, el de Solución de Diferencias que en muchas ocasiones ha obligado a modificar las normas de política comercial de los países. Países como Francia han pedido En lo cultural (no como intercambio de bienes culturales sino como defensa de una forma de actuación, de ser o de pensar) al amparo de ese deseo de defender su identidad nacional, se lucha por mantener una excepción, para que los llamados aspectos culturales no tengan el mismo tratamiento que, por ejemplo, el ron. Las cuotas de pantalla son tan viejas como el GATT. Están funcionando desde 1947 y se consideran una excepción. Se pactó entre los países que ganaron En el mundo de la cultura, si se ponen las ayudas una debajo de otra -fundamentalmente referidas al cine, porque las otras no cuentan- de todos los países, la cifra final es irrelevante para el comercio. El Boeing, por ejemplo, con las ayudas que recibía del Pentágono, las da mil vueltas por activa y por pasiva. Por eso hay un pleito en estos temas y no hay pleitos en Es muy difícil que con la cuota de mercado de la producción de Hollywood, que es del 85%, por muchas ayudas que des a la producción europea, se les haga daño. Si de golpe y porrazo, y gracias a una ayuda europea, hay un cierre del mercado para los productos de Hollywood y su cuota cae del 85 al 40, pues lo mismo hay que planteárselo. Si se quieren tomar medidas proteccionistas para reducir la cuota de pantalla del cine americano, tendría que darse una compensación. Pero eso plantea otro problema, y es que las negociaciones ya no son sectoriales. Conseguir alguna ventaja en un sector como el cinematográfico sería a costa de negociar otra serie de cosas en un sector como el del automóvil, el de la auditoría, la máquina herramienta o el del papel. Canadá negoció una excepción para sus industrias culturales al estilo de la que Francia y Parecería una película de ficción lo siguiente: “Si el Congreso de Chile ratifica el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, artistas y empresas culturales de ese país podrán optar a los recursos del Fondart o del Fondo del Libro en las mismas condiciones que cualquier chileno. Así, parte de los escuálidos dineros con que el Estado fomenta las artes y la cultura podrían ser canalizados a proyectos extranjeros, perjudicando la producción nacional. Este absurdo es posible porque el TLC incluye el concepto de “tratamiento nacional” -irreductiblemente defendido por los negociadores del norte- que obliga al país a tener la misma consideración para la actividad propia y la extranjera. Y no es sólo eso: este aspecto del TLC también pone en riesgo la existencia de políticas públicas y de porcentajes de exhibición en TV y en salas de cine de producciones nacionales. El TLC abre la posibilidad a la industria del entretenimiento estadounidense de completar su dominio del mercado (chileno y mundial) en perjuicio de culturas e identidades locales”. El problema parte desde el punto de vista norteamericano por el hecho de que para ellos la producción artístico-cultural es igual a la producción de zapatos o vinos. Para latinoamérica es diferente, no sólo por la forma en que se fabrican, sino por su incidencia: el zapato es un producto necesario, de utilidad práctica, mientras los productos culturales inciden en la identidad, en la manera de ser y de pensar de un país. Ignoro si ADOCINE y DINAC han discutido al respecto o tienen alguna opinión, pero lo cierto es que el TLC imposibilita crear sistemas de apoyo a una industria cinematográfica dominicana, de manera que aquella LEY ORGANICA DE INCENTIVO Y ORGANIZACIÓN DE Países como Francia y Canadá han armado coaliciones culturales y ellos sugieren que cada país haga su coalición (por ejemplo, Coalición dominicana por la diversidad cultural). México y España tienene las suyas. En el fondo estos grupos deben presionar a sus respectivas gobiernos para generar acuerdos que permitan que la mayor cantidad de países presionen a Antes del TLC, México tenía un déficit comercial en la balanza de pago cinematográfica de más o menos 15%, aunque existieron años en que la misma resultaba favorable. A partir de la caída de la producción nacional se dejaron de exportar las 60 películas anuales que se exhibían en los estados de EU con fuerte presencia hispano-mexicana, además, se han tenido que importar más cintas estadounidenses y ha aumentado el número de copias para su exhibición, lo que ha incrementado considerablemente el déficit comercial cinematográfico, valga como ejemplo que para 1998 ya existía un déficit de más de 120 millones de dólares y para 2002 el mismo se ahondó y superó 98% de la balanza, ese año se compraron 247 millones de dólares de material audiovisual estadounidense y sólo se le vendió uno. Mucho se afirmó entre otros cosas que... "el consumidor es el gran ganador del tratado". En materia cinematográfica, ¡no! Aquí el consumidor ha visto reducido el número de opciones para seleccionar la película que quiere ver. No puede elegir libremente entre las más de cuatro mil películas de largometraje que se producen anualmente en el mundo y se tiene que resignar a escoger sólo entre las 260 cintas que se le ofrecen al año, de las cuales 63% son de origen estadounidense. Éstas ocupan semana a semana más de 80% de las dos mil 950 microsalas existentes en el país. A esto agréguenle que los precios de las salas se han incrementado por arriba de los niveles oficiales de inflación por lo que su costo ha marginado de esta diversión a más de 80% de los mexicanos. En los diez años del tratado, el promedio de asistencia anual ha sido de 111 millones, mientras que en la década del 84 al 93 los espectadores superaban los 275 millones, lo que nos da una caída de asistencia superior a 60% y eso que no tomamos en cuenta el crecimiento de la población mexicana, que pasó de A pesar de la caída de los espectadores, en los tiempos del TLC se han incrementado las ganancias de los exhibidores y distribuidores, todos de gran presencia transnacional, quienes han aumentado sus ingresos de tal forma que México pasa de ocupar el 15 lugar por concepto de exportación de regalías por consumo de películas estadounidenses en la década de los 80 y principios de los 90 al nada honroso quinto lugar obtenido en 2003, situación que se repite una y otra vez en otras industrias nacionales. Los promotores sostienen que "los graves problemas que vive nuestra economía se deben a que no aprovechamos debidamente lo establecido en el TLC". Y los mexicanos que piensan dicen “¿Qué se podríamos aprovechar? Que metimos en el sector servicios transfronterizos los productos culturales cinematográficos y no realizamos la excepción cultural de nuestro cine, como sí lo hizo Canadá, que reformó Y citamos: “En conclusión, los grandes beneficiarios del TLC han sido las grandes trasnacionales estadounidenses, los grandes consorcios mexicanos y, claro está, ex funcionarios del sexenio salinista que obtuvieron trabajo en los corporativos de las empresas beneficiadas por ellos. En relación con el campo cinematográfico, quien se desempeñaba como director del Imcine, Ignacio Durán Loera, se integró casi de inmediato a TV Azteca, la empresa que compró el paquete de medios. Por su parte, el doctor Serra Puche ha obtenido ingresos como abogado defensor de los intereses de las transnacionales de cine estadounidense al convertirse en su cabildeador de alto nivel, junto con la ahora senadora Silvia Hernández, logrando entorpecer el proyecto original de la ley de cine que promovió la comunidad cinematográfica en 1997. Sus influencias, amistades y conocimientos lograron que el nuevo ordenamiento saliera acotado en perjuicio del cine mexicano. Su mano también se vió cuando a través del despacho SAI Derecho y Economía defendió a las transnacionales UIP, Columbia Pictures, Warner Bros y Fox Films de México en contra del juicio entablado por prácticas monopólicas que promovieron los pequeños y medianos exhibidores de cine ante Vamos a reflexionar sobre lo escrito arriba y abordar de nuevo el tema en el próximo artículo. Fuente: Clave Digital Cita este artículo en tu web | Visitas: 4859 | Imprimir | E-Mail
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| Modificado el ( Thursday, 13 de April de 2006 ) | ||||
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